“Todo lo que ha sucedido desde el maravilloso descubrimiento de América ha sido tan extraordinario que le historia le parecería increíble a cualquiera que no háyala vivido de primera mano. En verdad, parece ensombrecer todas las acciones de la gente famosa del pasado, sin importar que tan heroicas éstas hubieran sido, y silenciar toda habla de otras maravillas del mundo.”
Fray Bartolomé de Las Casas.
Los Conquistadores. Pocas figuras existen tan conocidas por todos y a la par tan desconocidas. A todos nos suena su casco de característica forma -el morrión-, somos capaces de pronunciar los nombres de Cortés y Pizarro -quizás no así sus nombres propios-, así como recordar que “siguieron” los pasos de Cristóbal Colón. ¿Pero quiénes eran en realidad? ¿Qué les motivaba? ¿Cuán grandes y épicas fueron realmente sus hazañas?
De entre todas las figuras históricas, quién bien me conoce sabe que la que más me fascina es la de estos aventureros, hombres de su tiempo, audaces, infatigables, crueles, arrogantes, tercos, sufridos y legalistas. Y siendo ésta una figura tan políticamente incorrecta (como principal artífice de la actualmente denostada Conquista de América), valga como muestra para quiénes me acusan de lo opuesto, de corrección política “in extremis“; a no confundir con educación, diplomacia y mano izquierda, por favor.
Fuere como fuere, es un tema sin duda apasionante, a poco que comience uno a investigar y leer sobre el asunto. Asombran el arrojo de estas huestes, la celeridad de las exploraciones y conquistas, la relativa escasez de medios en comparación con los impresionantes resultados… cómo un puñado de hombres -literalmente- con una tan limitada tecnología y medios y con todo en contra pudieron, sin embargo, explorar, conquistar y colonizar tan amplias extensiones, así como a las civilizaciones -algunas tan avanzadas como los aztecas y los incas- que en tales lugares se asentaban.
Y es que cómo no asombrarse ante la casi increíble gesta de Hernán Cortés ante el poderosísimo Imperio Azteca, con ejemplos como la impecable victoria en la batalla de Otumba (400 españoles, 15 caballos, 2.000 indios aliados tlaxcaltecas y algunas piezas artilleras ligeras contra 30.000 aztecas), tras la llamada “Noche Triste” (os recomiendo encarecidamente el fantástico relato Ojos azules, de Arturo Pérez-Reverte); o la habilidad de Francisco Pizarro y sus “Trece de la fama“, que con efectivos no mucho mayores hizo lo propio con el Imperio del Sol (Incas).
¿Por qué celebramos centenarios colombinos y no cortesianos? ¿Han ganado la batalla de la mal entendida “corrección política” (a no confundir con la negación y vegüenza de la propia Historia) los maquinadores de la “Leyenda Negra” española? Otro día abordaremos el asunto, pero si la Conquista hubiera sido obra anglosajona, uno de cada tres estrenos hollywoodienses (cruzo los dedos ante el inminente rodaje de Conquistador por parte de Antonio Banderas) nos mostrarían a magnánimos ingleses de brillante armadura salvando a los pobres indígenas de sí mismos, y no a -cuando los muestran- desgreñados, enloquecidos y crueles salvajes sedientos de sangre y oro.
Puestos a denostar o ensalzar, os invito a hacerlo con ideas y criterio propio. Os impulso, pues, a leer, aprender y opinar sobre estos fascinantes individuos, cuyo espíritu bien resumía el lema: “A la espada y el compás, más y más y más y más“.


Escrito por El Conde Jayán 


Escrito por El Conde Jayán 


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