Así, por el nombre, cualquiera diría que se trata de una de mis entradas históricas; pues va a ser que no, que diría aquel. Pero hago propósito de enmienda a ese respecto, y en breve volverán las “Historias de la Historia” que me he visto obligado a dejar de lado últimamente. En este caso estamos hablando de cine o, más concretamente, de un corto.
El Pacto del Estrecho de Bering es una ocurrencia de un grupo de amigos, y me parece que es un simpático tributo al sempiterno Risk, ídolo de varias generaciones, generador de disputas, traiciones, cabreos y muy buenos ratos de juego de mesa; además de ser para muchos el umbral hacia “el otro lado” de los juegos de mesa -para los que sabemos que hay juego más allá de la Oca, el Parchís, el Party o el Trivial-.
Asimismo también rinde homenaje a todo lo friki, con constantes referencias y frases tomadas de películas, libros, juegos y otras referencias culturales (os desafío a localizarlas y comentar su fuente, hecho por el cual ganaréis “frikipuntos“). Se lo dedico a todos aquellos frikis (y me refiero a los sanotes, que habemos hay frikis y frikis) incomprendidos por sus colegas en su pasión; así como a todos aquellos colegas de un friki, por todo lo que tienen que aguantar -por compañerismo- en ocasiones. Disfrutadlo .
…Y sin embargo sigo con vida. Sí, tras un -animadísimo- mes de ausencia retorno a mis dominios para poner orden entre los legajos de las crónicas de mis aventuras y haceros un breve relato de ellas. Ha sido realmente un mes intenso, con un poquito de todo (y de lo bueno, la verdad), pero ya iba siendo hora de parar un poquito, aunque las muy próximas ferias de Mairena del Alcor y Sevilla van a hacer todo lo que esté en su mano para evitarlo. Pero comencemos el relato por el principio…
Allá sobre el sábado 8 de marzo se convocó al grupo de intervención para la II edición del Paintball, con numerosa asistencia, más jolgorio si cabe, nuevos escenarios y muchos, muchos bolazos. Para los veteranos un placer repetir, para los novatos un descubrimiento. Y después al Parque del Alamillo a disfrutar del descanso del guerrero y jugar unas partidillas de Villalobos (uno de los múltiples nombres de este simpático juego, típico de campamentos, y del que existen sopotocientas variantes). ¡Qué gran día! Eso sí, el parte de la semana siguiente la echamos entre agujetas, tirones y demás contusiones variadas (incluso hubo alguna torcedura de tobillo)… Pero, ¿quién dijo que la guerra fuera segura?
A la semana siguiente, el día 11, tuvimos del lujo de asistir al espectáculo de Les Luthiers en Sevilla, “Las obras de ayer: El Refrito”, con sketches clásicos como La Balada del 7º Regimiento, San Ictícola de los Peces, El Sendero de Warren Sánchez (1ª parte y 2ª parte), entre otros tantos. Si ya era un placer haber visto sus actuciones grabadas, tanto más poder disfrutarlos en vivo y en directo. De acabar con lágrimas provocadas por la risa. Por ubicaros a los que no los conozcáis (y quizás de una forma más errada que aproximada, pero algo es algo), vendrían a ser como unos Monty Phyton musicales a lo hispanoamericano, con acento argentino. [ Otros sketches: Perdónala (Bolero), La bella y graciosa moza, El rey enamorado (El juglar) ]
En otro orden de cosas, y en los comienzos de la Semana Santa (de suerte que supuso una extraña y arcana forma de honrar a “otros dioses”), al fin surgió la ocasión de estrenar el Arkham Horror, el excelente juego de mesa basado en los relatos de los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft. Y decir que es grande. Muy grande. Y no sólo en sentido figurado, sino en el más puro sentido del término: Enorme tablero, ingentes cantidades de cartas, fichas, contadores, reglas, tiempo requerido de juego, etc. Pero con ello y con todo, es de los mejores juegos de mesa de los que nunca he jugado (lo que ya es mucho decir viniendo de quien viene). La ambientación está logradísima (lo disfrutarán particularmente aquellos que conozcan la narrativa del Maestro de Providence), y el enfoque de necesaria cooperación entre los jugadores lo hace una experiencia enriquecedora. Tanto que recientemente he adquirido la primera expansión en castellano, el Horror de Dunwich. Y es que no queda sino batirse con los Primigenios… ¡Iäh, iäh, Cthulhu ftaghn!
En cuanto a la segunda mitad de la Semana Santa (hasta finales de la semana pasada), hemos tenido ocasión de vivir en casa una experiencia internacional, con la visita de una familia sueca amiga de la nuestra, los Tideman: Niclas -el padre-, Eva -la madre, Vendela -la hija, de la edad de mi hermana- y Rasmus -el hijo, de mi edad-. Y ha sido en realidad una ocasión enriquecedora: Poder conocer más a unas personas encantadoras, aprender sobre otra cultura y un país diferente (y francamente creo que estereotipado), dedicarte a hablar en inglés de forma ininterrumpida durante casi 4 días, aprender más sobre tu propia tierra y país tratando de hacérselo llegar a los extranjeros… Experiencia esta muy intensa también, pero sin duda muy recomendable. ¡Y en verano a Suecia! ¡Hej Skånia!
Y así concluye el relato de mis pasadas y recientes juergas hazañas. Así da gusto. Y en breve todo apunta a que habrá más cosillas… Pero eso, amigos, ya es otra historia. Por ahora me despido haciendo público un vergonzante y preparadísimo (pero no por ello menos cachondo) vídeo, con don Luis Tejera derribando al señor Conde de un sillazo. ¡Cuánto mal ha hecho el Pressing Catch, madre mía…! xD
[ El Tejerator repartiendo estopa, silla en mano. ]