Recientemente, Coca-Cola ha vuelto a demostrar que sus publicistas (junto con los de Audi, BMW y Volkswagen) están entre los mejores del mundo, desarrollando un anuncio que, al igual que otras de sus producciones previas, será recordado por mucho tiempo. Y es que últimamente está de moda entre los miembros de la primera y segunda generación de la Democracia en España (finales de los ‘70 y principios de los ‘80) rememorar nostálgicamente su infancia (a ver quién es el guapo que no ha recibido el típico correo sobre nocillas, cánicas y barriosésamos varios… y quién es capaz de negar que nos encanta, a mí el primero). Utilizando como hilo conductor el tema Gold de Spandau Ballet, hacen un rápido recorrido por señas de identidad comunes a toda una generación, buscando (y logrando) una sonrisa cómplice. Ellos estaban allí contigo.
Así pues, y a pesar de ser plenamente consciente de que se trata de una campaña de marketing que (como todas) busca vender el producto y dar renombre a la marca, disfruto con la pieza. Y es que ellos lo saben, somos de la mejor generación.
[ Eres de la mejor generación, conoces la empanadilla de Móstoles... ]
Cerca de la villa de Bailén, Jaén, 19 de Julio de 1808.
Hacía un calor de mil pares de demons, y la cosa no pintaba nada bien. El soldado del batallón de marinos de la Guardia Imperial era un viejo veterano que se había batido el cobre en campos de batalla de media Europa, y no se dejaba engañar por las apariencias: El general Dupont recorriendo las quebrantadas filas francesas, aseverando con imperial fervor que Vedel y los refuerzos se hallaban ya cerca, maniobrando a las espaldas del enemigo; recordando viejas glorias y enfervorizando a sus hombres, mostrándoles la bandera española que los coraceros habían logrado capturar, puede que el único despojo que hubieran arrebatado al enemigo en la terrible jornada. Pero aquello pareció ser suficiente: Al casi ritual grito de ¡Vive l’Empereur! las tropas se pusieron en movimiento, buscando la línea española.
Marchando en la columna de cabeza, el veterano soldado ve resplandecer un rosario de fogonazos recorriendo la línea española, y sus compañeros empiezan a caer tras la barahúnda de sordos chasquidos que resuenan a su alrededor. Las balas rompiendo huesos y carne. Mas, haciendo caso omiso de los huecos en sus filas, la columna sigue su marcha, el redoble del tambor aumentando de ritmo. -¡Serrez la colonne! ¡En avant!- Retumbar de fondo, y con un siniestro silbido las descargas de metralla de la artillería española caen sobre los franceses, haciendo, ahora sí, un amasijo de carne donde antes había infantes, jinetes y caballos. Ya no suena ningún tambor. El soldado mira en derredor, y no ve el estandarte del águila imperial en ninguna parte. Lo que sí ve es al general Dupont herido, y la línea española casi al alcance de su bayoneta. Entonces una nueva descarga de fusilería a bocajarro acaba por deshacer la formación de avance francesa, con las tropas retirándose en desorden y a la carrera buscando alcanzar el relativo refugio de los olivares donde comenzaron la batalla. El veterano gira la cabeza, valorando la distancia a recorrer hasta la masa de árboles, observando el reguero de uniforme azules que indica la progresión de las columnas francesas. -Fils de la putain-. Y entonces, mirando los árboles en la distancia como quien mira la Luna, vuelve la espalda y echa a correr hacia ellos.
Hace hoy exactamente 200 años se libraba la batalla que habría de suponer la primera derrota de la Grande Armée napoleónica, que tras conquistar media Europa sin ser batida por ningún ejército enemigo, había ganado prácticamente un halo de invencibilidad. La batalla que habría de suponer el punto de inflexión en la Guerra de Independencia Española, 2 meses y 17 días después del levantamiento popular del 2 de Mayo en Madrid. Hace hoy dos siglos de la Batalla de Bailén.
Tras la victoria del general Dupont en la batalla del Puente del Alcolea y la posterior toma y saqueo de Córdoba, el general Castaños reunió a todas las tropas españolas que pudo aprestar para el combate, con la intención de cortar la comunicación entre Madrid y el ejército de Dupont, dificultando su cadena de suministros y comprometiendo su situación. Tras una serie de osadas maniobras, ocultando sus movimientos a los franceses e informándose de las maniobras de éstos a través de los paisanos, obligó a Dupont (que esperaba los refuerzos de los generales Vedel y Dufour) a dividir sus fuerzas, entablándose la batalla a las puertas de la villa de Bailén: 33.000 hombres del lado español, entre regulares y milicianos, contra 24.000 soldados regulares franceses.
La cruenta batalla se desarrolló en una jornada especialmente calurosa y en una región abierta, con escasa protección natural frente al agobiante calor del sol, lo que favoreció a las tropas españolas, que contaron en todo momento con la ayuda de la población local, especialmente importante en el suministro de agua. Tras varios episodios de lucha muy virulenta y antes de que llegaran los refuerzos franceses alcanzaron los españoles una victoria decisiva: Del lado español habían caído muertos apenas 240 hombres, y otros 730 habían resultado heridos; mientras que entre las filas francesas habían resultado muertos 2.200 hombres y 400 se hallaban heridos, deponiendo las armas casi 17.600 soldados imperiales, que fueron hechos prisioneros y mandados hasta el final de la guerra a la desolada isla-prisión de Cabrera (al sur de Mallorca).
Como resultado de esta decisiva batalla, se debilitó enormemente el dominio francés sobre España en general, y sobre Andalucía en particular, viéndose forzado José I Bonaparte a abandonar Madrid, y acabándose en las áridas y ásperas tierras españolas con el aura de invencibilidad que revestía al ejército napoleónico. Nuevos refuerzos franceses habrían de llegar a la Península, reestableciendo el equilibrio de fuerzas que haría que estas tierras se vieran convulsionadas por la guerra hasta 6 años más tarde, en 1814. Y pese a la decisiva victoria y el gran paso que supuso en la liberación de España del yugo imperial francés, no deja de resultar paradójico que acercara un poco más el retorno del más nefasto rey que hubiera de ver la monarquía española, Fernando VII. Así como el hecho de que entre los oficiales destacados de la jornada estuviera el argentino José de San Martín, artífice de las futuras independencias de Argentina, Chile y Perú. Dos claros ejemplos de esas paradojas con que la Historia gusta de burlarse del ser humano.
Y por una vez, estoy orgulloso de las celebraciones y conmemoraciones de un hecho histórico en mi país. Pues en España, y siguiendo la estela de otros países extranjeros, vienen surgiendo desde un tiempo a esta parte grupos de recreacionismo (o “reenactment”, en términos técnicos anglosajones), que se dedican a representar hechos históricos (a menudo batallas), generalmente de la época napoleónica, con gran minuciosidad y trabajo de forma totalmente voluntaria y por afición y amor a la Historia. Y Bailén no iba a ser menos. Y como muestra de los eventos que se vienen desarrollando desde ayer viernes hasta mañana domingo (a los que trataré de asistir), podéis explorar aquí, aquí o aquí. Historia viva… y en España. Fascinante, por una vez.
[ Vídeo de las II Jornadas de recreación histórica en Bailén, año 2007. ]
Aviso: La ilustración del primer párrafo después de la narración es de la autoría del ilustrador Alejandro Villén, al que corresponden todos los derechos de autor. Para más información sobre su obra, podéis acudir a su página web.
“Ha de advertirse a los tímidos y vacilantes, que el que no esté con nosotros, está contra nosotros, y que como enemigo será tratado. Para los compañeros que no son compañeros el movimiento triunfante será inexorable”.
General Emilio Mola, dando inicio a la sublevación que devendría en Guerra Civil Española.
Hace hoy exactamente 72 años se producía el pronunciamiento militar que, tras fracasar como golpe de estado, acabaría dando lugar a la cruenta Guerra Civil Española. Espero que jamás hayamos de volver a escuchar palabras como éstas, ni vuelvan nunca los hermanos a alzarse en armas contra sus hermanos.
Rectificar es de sabios, dicen. Así que hoy no me corresponde sino romper una lanza (puede que sólo una, pero algo es algo) a favor de las videoconsolas como plataforma multijugador. Y es que siempre he pensado que la única manera de disfrutar realmente de un buen multijugador (juegos deportivos aparte, como el afamado ISS Pro) es a base de unos buenos PCs conectados en red (tema del que ya hablamos anteriormente). Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…
Así pues ayer, y para liberar algo de tensión en la recta final de los exámenes, tuve ocasión de disfrutar de una buena partida multijugador al Call of Duty 4: Modern Warfare para la Playstation 3 (PS3 si no ponemos técnicos ), en modo “pantalla partida”, televisión Full HD y Dolby Surround incluidos. Poco convencido con la idea, al principio. Pero he de reconocer que disfruté como un enano. Como uno más bien frenético y adrenalínico, para ser más exactos. xDD
Porque, y al margen de los maravillosos aspectos técnicos del juego y la consola (que los tienen, y mucho), el multijugador consolero ofrece ciertas ventajas que su homólogo en compatibles no (conste que sigo pensando que el PC es mejor plataforma para jugar en red, pero estoy dispuesto a aceptar las ventajas de otros medios). Por ejemplo, el contacto con el otro jugador (o jugadores) es mucho más cercano, pues se juega en la misma pantalla y apenas con un mando de juego (también conocido como gamepad), con lo que resultados erótico-festivos de la partida son más fáciles de celebrar (esto es, cachondearte del derrotado oponente xD). O el mismo pad, que con la constante evolución de sus funcionalidades ofrece una versatilidad y eficacia ya asimilable (que no igual) a la de un teclado y un ratón; con la ventaja, por ejemplo, de la movilidad de sus versión inalámbrica (el poder jugar de pie y moviéndose -para tapar el campo de visión del contrario, por ejemplo- a un juego de acción mientras disparas a tu contrincante no tiene precio).
Así pues, jugones, si tenéis la ocasión de probar la cuarta entrega de la saga Call of Duty en multijugador con un colega, ya estáis tardando. Y si no la tenéis, buscadla. Diversión garantizadísima, si os gusta el género. Y como muestra, un botón:
[ Dos anglosajones dándose estopa al Call of Duty 4. O más bien uno dando, y otro recibiendo xD ]