“Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído: ¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es de mentira?
Y él respondió
- Lo sé;
pero lo que yo siento es de verdad”.
“Si no tiene nada que temer, un cobarde no se distingue en nada de un valiente. Y todos cumplimos con nuestro deber cuando no nos cuesta nada. En esos momentos, seguir el sendero del honor nos parece muy sencillo. Pero en la vida de todo hombre, tarde o temprano, llega un día en que no es sencillo, en que hay que elegir“.
George R.R. Martin. Juego de Tronos,
de la saga Canción de Hielo y Fuego.
Y más temprano que tarde hablaremos de esa gran saga que es Canción de Hielo y Fuego… palabra de un jayán.
“Hoy en día ya no se puede preguntar a una persona a quién vota ni, en un país católico, cuál es su religión. Las preguntas sobre preferencias son indiscretas y de cocina suele hablarse preferentemente durante las comidas, por lo que, quizá, la única pregunta reveladora de tu personalidad que aún se te puede formular es si lees o no y, en caso afirmativo, cuáles son tus gustos”.
Donna Leon. La chica de sus sueños.
[El bardo de la Ciudadela recomienda] → Para dejarse mecer en una particular sensación de irrealidad…
Tema: Gary Jules - Mad World (Tema principal BSO“Donnie Darko”)
Desde un tiempo a esta parte los aficionados a los siglos XVI y XVII podemos estar bastante satisfechos, y es que, sin llegar a constituir la típica avalancha de productos derivados que suscitan temáticas más “mainstream”, venimos recibiendo con un continuo goteo diversos productos relacionados con esta época que tanto nos fascina a algunos. Algunos de ellos con más fortuna que otros, pero algo es algo, dijo un calvo.
Así pues y en cuanto al cine, al estreno de Alatriste siguió el de Apocalypto, acompañado de otras películas recientes como las últimas entregas de Piratas del Caribe (II y III), el sinsentido de La dama boba, Miguel y William, la leyendanegrista y panfletaria Elizabeth: La edad de oro, La ronda de noche y Las hermanas Bolena, entre otras; y ayer mismo La Conjura de El Escorial. E incluso en el apartado de series encontramos la entretenida aunque fantasiosa en sus formas Los Tudor, cuya primera temporada ha sido recientemente emitida por Canal+ y su segunda se halla por llegar. No está nada mal para un par de años, sobre todo teniendo en cuenta los futuros proyectos de Solomon Kane (basada en el homónimo personaje de cómic) y Conquistador (sobre la vida de Hernán Cortés). Así que podríamos decir que, de alguna manera, el Siglo de Oro (o más propiamente los Siglos de Oro) está de moda.
En esta línea, haré un par de recomendaciones y algún comentario:
- Sobre La Conjura de El Escorial: Yendo a contracorriente de la crítica mayoritaria, voy a recomendaros esta interesante película. Entramadas conspiraciones cortesanas se entreveran con el devenir diario de las clases menos pudientes ofreciendo un refrescante lienzo salpicado de pinceladas y guiños sobre cómo se vivía en la época. Mejorable, por supuesto, pero entretenida y digna de verse. A destacar Juanjo Puigcorbé y su Felipe II y al -al menos para mí- desconocido Jürgen Prochnow en sus papel del veterano de Flandes y alguacil Espinosa.
[ Un imperio en cuyos dominios no se ponía el sol... ]
- Sobre El pícaro: Recientemente he podido disfrutar de esta serie realizada por TVE en 1974, y no puedo sino recomendarla a los amantes de la época que retrata y a aquellos que deseen conocerla un poco mejor, al menos en lo que al ámbito de la picaresca y del mal (o peor) vivir se refiere. Me ha sorprendido gratamente, pues a pesar de que se notan los años transcurridos desde su grabación, el guión -de carácter claramente teatral y basado en textos de la época- está muy bien hilado (en la mayoría de los capítulos) y la labor interpretativa de Fernando Fernán Gómez es sobresaliente, amén de la inesperada -y grata- sorpresa de encontrarte con grandes actores españoles (como Juan Diego o Luis Varela) con 34 años menos.
[ Fernando Fernán Gómez introduciendo genialmente la serie en el primer capítulo. ]
- Respecto a Águila Roja: A todas luces TVE busca sorprendernos este próximo otoño con una serie de época cuyo héroe es un tanto particular, pues se trata de una suerte de mixtura entre El Zorro y Batman, un justiciero diecisietesco con trazas de ninja que, katana en mano (¡Ah, el horror!) tratará de socorrer a los débiles. Como conocedor y practicante de la esgrima de la época, mi mente chirría ante tamaño despropósito (y no es que las katanas no existieran ya entonces, pues lo hacían desde el siglo X, y cabe dentro de lo posible que alguien que la manejara llegase desde el lejano Cipango hasta la Villa y Corte de las Españas); pero otra parte de mi ser razona que, quién sabe, igual la serie hasta se deja ver y colabore a seguir despertando y manteniendo el interés por la época y crear productos en ella ambientados, si Murphy quisiera. Así que cruzo los dedos por esta aventura, esperando no tener que rasgarnos las vestiduras y ofreciéndole el beneficio de la duda. Y también toco madera, que toda ayuda le va a resultar poca, a lo que parece.
“[...] vos haréis lo que queráis, [...] pero yo no diría una palabra de todas esas aventuras; vuestra historia es una novela, y el mundo, que adora las novelas entre dos cubiertas de papel amarillo, se escama de las encuadernadas en vitela viva, aunque estén doradas, como podéis estarlo vos”.
Alejandro Dumas. El conde de Montecristo.
[El bardo de la Ciudadela recomienda] → Para deleite del personal.
Parque de Artillería de Monteleón, Madrid, 2 de Mayo de 1808.
Estaban solos, y él lo sabía. Solos y completamente jodidos. El capitán de artillería Luis Daoíz descansaba su pierna herida apoyado en la cureña del humeante cañón, cuyo metal quemaba al contacto con la piel, por el uso continuo que había recibido en las últimas 2 horas y media. Daoíz miró alrededor, apenado en su interior, pero tratando de no exteriorizar sino una confianza y moral que no sentía; observando al pueblo, a las decenas, cientos de civiles a los que había arrastrado inútilmente a la defensa de aquél reducto, con el pleno convencimiento de que una vez echado el pueblo madrileño a la calle, no pasaría mucho tiempo hasta que la sublevación se generalizase, y sus compañeros militares se sumaran a la revuelta.
Pero no, su instinto militar le decía lo contrario. Habían logrado unos minutos de descanso en el continuo asalto francés pero, atento el oído, descubría para su pesar que los sonidos de la algarada se iban apagando en la ciudad, resonando sólo algún disparo aislado, perdido. Sólo ellos luchaban ya a aquellas horas; la insurrección estaba controlada, y ellos sentenciados. Esbozó una mueca crispada, que podría ser una sonrisa, mientras alzaba el ensangrentado y mellado sable. Venderían cara su piel, pensó mientras ordenaba a su maltrecha, inexperta y voluntariosa tropa que cargaran las piezas artilleras y los mosquetones, aprestándose al combate. Mejor así, morir matando, que de espaldas a una pared y con un mirlo de plomo en el pecho.
Entonces resonaron los tambores, y con un atronador grito de “¡Vive l’Empereur!”, las columnas de infantería imperial aparecieron al final de la calle, cargando a la bayoneta.
Hace hoy exactamente 200 años las clases populares de Madrid se alzaban espontánteamente, en un arranque de cólera y odio hacia el invasor francés, dando lugar a una serie de luchas callejeras multitudinarias que fueron duramente reprimidas, y que eventualmente servirían de la necesaria inspiración para dar comienzo al conflicto que sería conocido como la Guerra de Independencia Española.
Y hace hoy también exactamente 1 año que nos reunimos en este mismo marco para hablar sobre dicha jornada histórica. Es por ello que hoy no me entretendré en comentar nuevos aspectos de la jornada o rememorar los ya tratados, no. Hoy comentaremos la repercusión de aquella jornada en nuestros días, al menos en lo que a su conmemoración se refiere.
Los aniversarios y conmemoraciones son a menudo en nuestro país, ocasiones a temer: Momento para que nuestros políticos se den un paseíllo de rigor, demostrando que siempre tuvieron interés por tal o cual evento o personaje homenajeado; todo el mundo parece no haber podido vivir a este momento sin aquello; se publican libros, estudios, cómics, películas y todo tipo de compra-y-consume, al que nos aferramos como si nos fuera la vida en ello. No vayamos a ser menos incultos que los demás, no.
Y bueno, esta vez no podía ser una excepción. Tras sobrevivir a los hermanos bastardos de El Señor de los Anillos; a las múltiples sociedades secretas, códices, misterios y códigos Da Vinci varios; a los primos lejanos de mi querido capitán Alatriste, y demás… ahora nos llegan 1808, Goya, el 2 de mayo, y las conspiraciones varias. Inevitablemente.
Y mira, pues que no me importa. Total, que cada cuál lea, vea, consuma, piense y celebre (o deje de celebrar) lo que quiera. Yo rememoraré a los héroes del 2 de Mayo, lamentaré la ocasión perdida de librarnos del oscurantismo y abrazar la Ilustración a tiempo, y me sentiré orgulloso de ser español, todo a una.
Y como no podía ser de otra manera, una revertiana recomendación literaria: Una novela-crónica sobre la jornada, de la mano de Arturo Pérez-Reverte, y que tiene por título Un día de cólera. Entretenida en líneas generales, emocionante en ciertos pasajes y edificante de forma global, supone una buena perspectiva de aquella heroíca e infame jornada, que sin embargo se ve lastrada en su ritmo en ocasiones por el afán cronista del autor, debido a las largas aliteraciones de nombres y profesiones que incluye. No obstante, recomendable. Y los que estéis por Sevilla el próximo miércoles, 7 de mayo, podréis encontrar a Arturo en la Feria del Libro.
Y para los -afortunados- madrileños, os pido que vayáis por mí a la magnífica exposición “Madrid, 2 de Mayo – 1808-2008: Un pueblo, una nación”. Espero poder visitarla antes de la retiren, allá por Septiembre. Mientras tanto os envidiaré profundamente. Os dejo con el vídeo de presentación de la exposición. Ah, y sí, Pérez-Reverte es comisario de la misma. Revertianismo, sí, qué le vamos a hacer; ya me conocéis.
En cualquier caso, celebrad el levantamiento del día 2 de mayo… aunque sea LEVANTANDOOS de la cama esta mañana.
[ ... El curso de la epopeya de un pueblo indefenso que creyó su deber y su dignidad alzarse en armas... ]
Los que me conocéis sabéis que soy muy dado (sobre todo de un tiempo a esta parte) a las historias apocalípticas, aquellas en las que, por una u otra razón, la civilización y/o la especie humana acaba llegando a su fin. Y no es sino por esta razón que me gustan las -buenas- películas de zombis, las de -plausibles- Días del Juicio Final, los oscuros y pesimistas relatos de H.P. Lovecraft, obras como Soy Leyenda de Richard Matheson (que tuve la casi milagrosa suerte de descubrir y leer antes de que se supiera del rodaje de la homónima película con Will Smith) y elementos parecidos.
El muy humano temor y curiosidad sobre la muerte colectivizado a nivel de especie o civilización: ¿Qué ocurrirá con el mundo cuando me haya ido? ¿Qué ocurrirá cuando NOS hayamos ido? A lo largo de la Historia han caído y surgido civilizaciones, pueblos y culturas constantemente, por lo que la pregunta parece, a priori, escasamente relevante. Pero hay una gran diferencia entre el mundo actual y el mundo anterior a mediados del siglo XX: Y es que anteriormente, dados los obstáculos en materia de transporte y tranmisión y divulgación de la información, y las menores interrelaciones entre civilizaciones, pueblos y naciones, era difícil hablar de LA civilización humana, sino de MUCHAS civilizaciones humanas. Sin embargo en el globalizado mundo de la Sociedad de la Información, donde una pequeña crisis en el mercado hipotecario de cualquier economía de tamaño medio puede tener importantes repercusiones en el resto del mundo, donde la información fluye, nos interconecta y nos hace dependientes unos de otros, en este moderno mundo de progreso y constante evolución… se halla nuestra mayor debilidad.
Resulta paradójico que en pleno cénit tecnológico, social y humano de nuestra especie, en nuestro momento de mayor esplendor, nos hallemos en nuestro momento más vulnerable. Terribles epidemias como la Peste medieval que hicieron estragos en un mundo agrandado y aislado por los precarios medios de transporte arrasarían transformadas en apocalípticas pandemias en el actual contexto de nuestro enpequeñecido e interconectado planeta, a pesar de nuestra superior ciencia biomédica. Crisis energéticas, superpoblación, la Teoría del Miedo, la proliferación nuclear, la inexorable contaminación de nuestro Medio Ambiente, el riesgo de una Tercera (y definitiva, probablemente) Guerra Nuclear Mundial… Soy de los que piensan que, de una u otra manera, no nos queda mucho como especie; no al menos siguiendo el estilo de vida que conocemos y amamos (porque no nos engañemos, qué cómodo es vivir en la absoluta ignorancia de estas macrocuestiones).
Y pese a lo pesimista que pueda parecer la idea, no dejo de considerarlo un concepto fascinante, una mixtura de curiosidad malsana, lejana preocupación, auto-convencimiento del merecidísimo castigo y, supongo, algo de morbo. Todo muy propio de la naturaleza humana, por otra parte.
Y en esta línea he de recomendaros (pese a los típicos anglocentrismos de este tipo de producciones) el magnífico documentalLa vida sin nosotros que recientemente ha emitido Canal de Historia, y que a buen seguro sabréis encontrar en alguna fuente, tan habituales en nuestra Sociedad de la Información. Documental que a su vez está basado en el libroEl mundo sin nosotros, de Alan Weisman, que tras una prolongada investigación y consulta a múltiples expertos de otras tantas disciplinas ha dibujado un muy aproximado escenario de lo que sería de muchos de los elementos de nuestra civilización humana si de repente, chac, con un chasquear de dedos, todo ser humano desapareciera de la faz de la Tierra. Y es que no se trata de la historia de nuestra caída, no, sino de qué ocurriría con el mundo que dejamos atrás, qué testigos dejaríamos a una especie inteligente que nos sucediera.
Absolutamente recomendable para todos aquellos que alguna vez se han planteado qué hubiera pasado si por una vez el héroe (estadounidense, por supuesto) no hubiera llegado a tiempo para desviar al asteroide de su ruta de colisión con el Planeta Azul. O de desconectar la bomba. O de destruir el malvado Dispositivo del Juicio Final. O de detener el lanzamiento del misil nuclear. O de patear el culo de cada puñetero invasor extraterrestre. Esto es, qué hubiera pasado en la vida real. Os dejo con el trailer.