De un retorno

La Ciudadela en la distancia.

El graznido del cuervo reverberaba en el frío aire de la mañana como un clarín, anunciando su llegada. En un claro del espeso bosque que rodeaba la montaña el viajero pudo ver entre las frondosas copas de los árboles que lo cercaban cual ejército defensor las almenas coronando la majestuosa silueta de la torre, negro sobre el mar de tonos grises sucios que preceden al amanecer.

Una gélida brisa de bienvenida mesó los cabellos del viajero mientras finalizaba el último tramo del ascenso, mientras poco a poco, sin prisas, el perezoso astro rey iba cambiando los platas por anaranjados, derramando lentamente la luz y la vida sobre el mundo. Cuando se paró frente al enorme portón y descendió del equino el rojo amanecer bañaba ya los muros, el patio de armas, los estandartes desplegados al viento.

El viajero disfrutó del momento, paladeándolo. Recordaba todos los caminos transitados, las personas conocidas, las aventuras y las desventuras, las batallas luchadas, las ocasiones perdidas, las gestas, todo lo aprendido… El cansancio y las fuerzas renovadas, ambos de la mano. En eso pensaba mientras la cálida luz del sol lo reconfortaba en el gélido aire de la mañana, y traspasaba el umbral de la Ciudadela, siniestra en la empuñadura de la espada al cinto y diestra mesándose la barba. Una sonrisa afloró a la comisura de sus labios.

El Conde había vuelto a casa.

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[El bardo de la Ciudadela recomienda]
→ La vuelta al hogar…

Tema: Howard Shore – Concerning Hobbits (BSO “La Comunidad del Anillo”)

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9 Responses to De un retorno

  1. Pablo dice:

    Se hará raro conectarse a la Ciudadela esperando esa actualización que parecía no llegar nunca y no encontrarte “perdido en el tiempo y el espacio”. Me alegra tu vuelta a los dominios condales y ser el primero en recibirte en tus feudos.

    Un abrazo.

  2. malatesta dice:

    Saludos, Conde,
    He leido sus artículos y no podría estar más de acuerdo con ellos. En efecto la leyenda negra pesa sobre nuestra historia. Entre eso y la identificación entre nuestra gloria pasada y el uso propagandístico que de ella hizo la dictadura de Franco, ya no hay quien quiera acordarse de tiempos pasados.
    Un placer y seguimos en contacto.
    Suyo afectísimo,
    Gualterio

  3. Elenita dice:

    Buen texto. Deberías escribir más a menudo, y no sólo en la Ciudadela. Tienes talento natural.

    Me alegro de tu vuelta. A ver si dura esta vez un poco más…

  4. Muy buenas a todos, y gracias por la afectuosa bienvenida.:-)

    – Don Paolo: ¡El primero, como siempre! 😉

    – Malatesta: Bienvenido, señor Malatesta. Quién me iba a decir a mí que iba a alegrarme de recibir en mi Ciudadela la visita de cierto espadachín siciliano… xD Ya sabe voacé que comparto totalmente su opinión. ¡No nos queda sino a nosotros el deber moral de ayudar al prójimo recordándole que recordar no es malo (si es que estoy hecho todo un poeta ;-).

    – Elenita: Cariño, eso es que tú me lees con buenos -y bonitos- ojos. 😉 Pero agradécese el cumplido, que recojo con buen ánimo. Me encantaría tener algo más de tiempo para escribir algo más largo… quizá en un futuro no muy lejano. 🙂 Y tranquila, que mi intención es que mi retorno no sea breve… ¡No os libraréis de mí tan fácilmente!

    Genuflexión y tres vueltas de sombrero,

    El Conde Jayán, Señor de Ultramar.

  5. Antonio Polo dice:

    Ya era hora, maese conde… Que yo a los palacios subí, y a las cabañas bajé, en ningún lugar encontré, que me dieran noticias de vos…;)

  6. Targul dice:

    Ya tardaba vuesa merced 😛

  7. ¡Saludos de bienvenida, Maese Antonio y señor General!

    Así da gusto volver a los propios dominios, con semejante corte de ilustres visitantes. 🙂

  8. erekibeon dice:

    Señor Conde: no os podéis hacer una idea de lo que me alegró veros por mi humilde morada y comprobar que el eterno “perdido en el espacio y en el tiempo” ha abandonado por fin la portada.

    Un abrazo y me pongo a contestaros todos los comentarios que me habéis puesto. Pardiez, que son unos cuantos, jajajja

  9. Hombre, ya sabe vuestra merced, Maese Erekibeon, que aunque haya andado desterrado un poco por aquí y por allá, cuando el hijo de mi madre se pone, se pone… 😉

    Otro abrazo para vos.

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