¿Nazi bueno, nazi malo?

Jueves, 24 septiembre, 2009

El Oso judío y el teniente Aldo -Apache- Raine practicando su... arte en -Malditos bastardos-.

Recientemente he podido disfrutar de la deliciosamente excesiva (en todos los sentidos) última incursión cinematográfica de Quentin Tarantino, la polémica Malditos bastardos (¿Quién fue el “brillantísimo” experto en Marketing al que se le ocurrió arrebatarnos en España su magnífico título original, Inglourius basterds? -siendo el primer título de la filmografía de Tarantino que se traduce en nuestro país-). Como no es mi objetivo hacer una crítica en profundidad de la película, baste con decir que es genial; que los seguidores de Tarantino la disfrutarán -disfrutaremos-, así como las personas con la mente abierta cinematográficamente hablando a cierto tipo de experiencias delirantes, y que no cometieran el error de esperarse un Kill Bill en la Segunda Guerra Mundial (que algo de eso hay, pero no sólo).

No, lo que me trae hoy ante vosotros es una reflexión que me ha venido rondando desde hace tiempo, propiciada por el estreno no demasiado lejano (allá por Febrero de este año) de otra película que entra de lleno en la temática nazi, pero desde otro ángulo radicalmente diferente: Valkiria. Película que, dicho sea de paso, recomiendo a todos aquellos amantes de la Segunda Guerra Mundial y de los thrillers políticos con tintes de acción, pues si la película tiene una gran virtud es su capacidad de mostrarnos la veleidosa naturaleza del poder, hasta conseguir que nos planteemos en qué consiste éste realmente, y cuan fugaz puede llegar a ser.

El coronel Von Stauffenberg (Tom Cruise) acompañado de otros oficiales el ejército alemán.

Pero centrándonos en el tema que nos traíamos entre manos. Valkiria atesora además algo aún más infrecuente, si cabe: Es uno de los primeros (sino el primero, al menos que me conste) filmes de Hollywood que se atreve a romper con uno de los clásicos arquetipos del cine americano desde la Segunda Guerra Mundial, el de “alemán del período 1939-1945 = nazi = malvado“. Se atreve a distinguir al alemán (e incluso al militar) afiliado o simpatizante del partido nacionalsocialista del resto. Al militar con ideología de ultraderecha del sencillo soldado del ejército alemán, del militar profesional que “sólo cumplía con su deber” (fuera más o menos legítimo éste y las órdenes que recibía, cuestión que queda fuera de toda discusión). Porque si os fijáis, y al menos en lo que al cine estadounidense se refiere, parece que durante el régimen nazi mágicamente desaparecen los millones de alemanes que componían dicho país, y en su lugar -por arte de birlibirloque- aparecen otros tantos millones de nazis. Ya no son habitantes de un país con un régimen totalitario, no, son sencillamente  “nazis“, esto es, el “Mal“.

Por otra parte, y aunque de forma absolutamente delirante y con un evidente y negro ánimo humorístico (otra cosa es que la broma sea del gusto de todos, o que la mayoría la entienda) la película de Tarantino no podría hallarse en una posición más diametralmente opuesta a la arriesgada -aunque justa- propuesta de Valkiria. En palabras del Teniente Aldo Raine (personaje interpretado por Brad Pitt): “Los miembros del partido nacionalsocialista conquistaron Europa asesinando, torturando, intimidando y aterrorizando. Y eso es lo que vamos a hacer con ellos: Ser crueles con los alemanes. […] Los nazis no tienen humanidad, y hay que destruirlos“. Para él todos los soldados alemanes son nazis, esto es, miembros del partido nacionalsocialista; y por tanto merecen morir. Simple. Tarantiniano. Injusto. Pero -de alguna manera- terriblemente divertido.

En cualquier caso, os recomiendo que veáis ambas películas, sabiendo eso sí, como siempre digo, lo que váis a ver, y por tanto lo que podéis esperar de cada una. Y luego dadle una pensada al asunto. Ya me contaréis. Y “cuidaíto” con los “destripes” (“spoilers“).

[ Trailer I de Malditos bastardos (el II es demasido revelador). ]

[ Trailer cinematográfico de Valkiria. ]

Anuncios

Va de cine

Domingo, 2 septiembre, 2007

Coy, Tánger y El Piloto.Sí, decididamente va de cine. Eso es lo que pensé en la refrescante oscuridad de la sala de cine una vez absorbido en la ambientación de La carta esférica, adaptación cinematográfica de la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte, de la que ya hablamos hace poco. Como aficionado tanto al cine como a toda la obra de Pérez-Reverte, creo sinceramente que es de sus múltiples adaptaciones cinematográficas la que mejor refleja el espíritu de la novela. Y digo el espíritu, claro, pues lógicamente -como ocurre cada vez que se lleva una obra literaria al cine- hay cambios, algunos más o menos discutibles, pero bien llevados. A mí desde luego me ha dejado muy satisfecho, es más, me ha encantado. He reconocido escenarios y personajes casi como si los estuviera releyendo, y Carmelo Gómez en particular ha hecho un trabajo excelente. Como toda obra cinematográfica patria -y más si es adaptación de una novela de don Arturo- corre el riesgo de ser ninguneada frente a otros blockbusters post-veraniegos más apetitosos. Allá cada cual, yo he disfrutado, e invito a todos aquellos a los que les interese mínimamente el tema (el género de aventuras clásico, combinado con la naútica y toques de acción) a hacerlo.

Todo un homenaje a las road movies.Pero no sólo de naufragios vive el cinéfilo. También he visto recientemente la esperada Death Proof de mi alabado Quentin Tarantino, que cierra el ciclo Grindhouse compartido con su colega Robert Rodríguez y su magnífica Planet Terror. Y la verdad es que la película está bastante bien, y es un “must-see-film”; pero para ser un filme de Tarantino… me he quedado con ganas de algo más, un puntito que se le ha quedado por el camino. Diálogos geniales, al más puro estilo Tarantino, una música que marca el ritmo (tic-tac) de cada movimiento, cada palabra, cada escena. Unas persecuciones automovilísticas espectaculares. Pero le faltaba algo, o esa sensación me ha dejado. En este caso el discípulo (Rodríguez) ha superado al maestro.

Smith como Robert Neville, el último hombre sobre la Tierra.Y damos el toque final de claqueta con la noticia de una nueva adaptación cinematográfica (¿Será cierto que existe crisis de ideas en Hollywood? Porque está claro que vivimos la época de las adaptaciones de libros, biopics y remakes.) del excelente relato largo (o novela corta, para gustos…) que casualmente he leído este verano: Soy leyenda, de Richard Matheson. Y digo de una nueva adaptación porque ya se filmaron dos con anterioridad, en 1964 y 1971. Will Smith (que me sorprendió en la recomendable en En busca de la felicidad) será el encargado de interpretar a Robert Neville, superviviente de una extraña epidemia que parece haber extinguido a la raza humana. Esta historia es considerada generalmente como la abuela de todas las que nos hablan de un “apocalipsis final de la sociedad”, creando situaciones que han sido imitadas por todas las posteriores películas del género, como por ejemplo las de zombis. Sólo que en este caso las víctimas de la enfermedad no fallecen para levantarse en forma de muertos vivientes, sino en una especie de vampiros. Neville tiene el mundo a su disposición, aprovisionándose en cualquier lugar, investigando si quedan más supervivientes… pero sólo hasta la caída del sol. Pues ellos reinan en la noche. La obra de Matheson engancha al lector, creando una permanente sensación de tensión y desasosiego, y con una de las escenas literarias más enternecedoramente tristes y desgarradoras que conozco (atención a la historia con el perro) y se lee del tirón. Así que aguardo con interés el estreno de la película, que habrá de llegarnos el 19 de diciembre, si el tiempo acompaña y la autoridad lo permite. 😉

El último hombre sobre la Tierra… no está solo. ]