… así es como ando últimamente. Perdido en el tiempo y el espacio, dando vueltas arriba y abajo en un vórtice de entropía. Sólo gracias a un descuido de mi captor (un tal Cronos) me ha sido posible hacer llegar este mensaje a nuestro continuo espacio-tiempo. En cualquier caso, quería haceros saber que sigo vivo, coleando, y con mi estructura atómica en relativo buen estado. Y amanece, que no es poco.
Así pues, despreocuparos, pues tengo pactado mi rescate con un viejo conocido, Doc Brown. Murphy mediante, y si su viejo DeLorean no falla, estaré de vuelta en este plano de existencia a mediados del próximo mes de Febrero, para volver a compartir esta Ciudadela con vosotros. Hasta entonces, portaros bien, y suerte con los exámenes quienes andéis en ello. Y recordad que ¡no queda sino batirse!
[El bardo de la Ciudadela recomienda] → ¿Carreteras? A donde vamos no necesitamos… carreteras.
Tema: Alan Silvestri - Regreso al Futuro (Tema principal BSO“Regreso al Futuro”)
“Hoy en día ya no se puede preguntar a una persona a quién vota ni, en un país católico, cuál es su religión. Las preguntas sobre preferencias son indiscretas y de cocina suele hablarse preferentemente durante las comidas, por lo que, quizá, la única pregunta reveladora de tu personalidad que aún se te puede formular es si lees o no y, en caso afirmativo, cuáles son tus gustos”.
Donna Leon. La chica de sus sueños.
[El bardo de la Ciudadela recomienda] → Para dejarse mecer en una particular sensación de irrealidad…
Tema: Gary Jules - Mad World (Tema principal BSO“Donnie Darko”)
Mucho se ha hablado y aún mucho más se va a hablar sobre el resultado de las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos. Así pues, dejaremos los análisis de política internacional a los expertos, y que gente mucho más cualificada para ello que yo desgrane declaración a declaración, promesa a promesa, el futuro próximo de la nación que -al menos hasta ahora- ha venido siendo el Imperio (como en su momento lo fue el Romano, el Español, el Británico, etc.). Baste con decir al respecto del vencedor que me alegro profundamente de su elección y del enfervorizado entusiamo que ha levantado entre el pueblo estadounidense (hecho que se ha visto manifestado en la altísima participación, de casi 2/3 del total del electorado). Tanto por su carácter, como por su agenda, como por el símbolo que supone, me alegro de que Barack Obama haya logrado alcanzar la Casa Blanca.
Pero hoy quería haceros llegar una reflexión que me sobrevino viendo las imágenes del discurso de derrota y felicitación de John McCain al presidente electo, y las implicaciones que del mismo de derivaban. Quedé sorprendidísimo con el tremendo ejemplo de buen comportamiento y elegancia democrática ejercido por ambos candidatos, pero sobre todo por este último. Especialmente significativo me resulta el momento en que McCain anuncia a su público (eminentemente republicano, como es de esperar) que acaba de hablar telefónicamente con su contrincante para felicitarle, y ante la mención del mismo la masa comienza un abucheo; nada nuevo bajo el sol, hasta aquí. Pero la sorpresa llega cuando McCain, con ademán sincero, pide a su público el respeto a la figura de su contrincante, del vencedor. Obama ya no es el enemigo, no es un candidato: Ahora ya es una institución, y por lo tanto merece todo su respeto.
[ McCain admitiendo la derrota - Especial atención a partir de 0:20. ]
Y es viendo estas imágenes, estupefacto, cuando me viene a la cabeza una situación parecida, relativamente reciente y en otro país, pero igualmente con un candidato vencido situado políticamente más a la derecha que su oponente vencedor anunciando a sus seguidores que esta vez no pudo ser, y que acaba de felicitarlo telefónicamente. De nuevo abucheos ante su mención. Pero esta vez no hay ademán elegante, mano alzada pidiendo por favor respeto al oponente. No. El “otro” sigue siendo el enemigo, y si es la masa la que lo corea, oyes, no seré yo quién la detenga. Sonrisa atravesada y con mala leche en el rostro del candidato vencido y en el de su colega. Gritos de mal gusto (”un bote, dos botes, socialista el que no bote”) y petición al candidato vencido de que bote. Y ante mi sorprendida mirada, ese político que pierde las formas (no vayan a decir que él no es humano ni enrollado) y que bota, por supuesto. Y por qué no, la elegancia democrática y el respeto institucional están sobrevalorados, pensará Rajoy. Zapatero el que no bote.
Una de las muchas lecciones que nos quedan por aprender en España.
[ Mariano Rajoy ¿admitiendo la derrota? - Especial atención a partir de 0:50. ]
… Y parafraseando al maestro Joaquín Sabina os traigo un curioso sketch de la mano de mi queridísima amiga Laura, titulado “The Last Laugh“, e interpretado por los humoristas británicos John Bird y John Fortune, especializados en la parodia política. Así, y en una magnífica muestra de humor británico (no he podido dejar de acordarme de los grandísimos Monty Python, salvando las distancias) esta pareja nos ofrece, humor ácido aparte, una clarificadora (aunque simplista, por supuesto) explicación de la mecánica general que propició la crisis de las hipotecas subprime en los Estados Unidos, y que con el tiempo acabaría siendo el origen de la crisis financiera que sufrimos en la actualidad.
Sin más os dejo con ellos. Disfrutadlo, pues no tiene desperdicio.
[ "Market participants don't know whether to buy on the rumor and sell on the news, do the opposite, do both or do neither, depending on which way the wind is blowing..." ]
_________________________________________________________ ACTUALIZACIÓN (06/11/2008): Gracias a la colaboración de mi vieja amiga Elenita (que no amiga vieja, léase bien xD) puedo ofreceros hoy un “toque español” sobre el tema, con Leopoldo Abadía explicándonos su “Teoría de la Crisis Ninja” en el programa de Andreu Buenafuente. Tampoco tiene desperdicio.
[ "En vez de un 1% le voy a cobrar un poquito más. / Y a mí qué me importa, tampoco voy a pagar..." ]
[El bardo de la Ciudadela recomienda] → La canción de Sabina a la que me refería (atención al 4:40).
Tema: Joaquín Sabina – Como te digo una “co” te digo la “o”
Hoy vengo a hablaros de un juego realmente original en su planteamiento, tremendamente ambicioso al ofrecer un impresionante abanico de posibilidades y que además es endiabladamente entretenido. Se trata de Spore.
Spore se podría calificar como un “simulador evolutivo“, pues tu objetivo es, a través de diferentes fases o estadíos (que vienen a ser auténticos juegos o mini-juegos independientes), llevar a una especie desde el estado celular más básico hasta la conquista del espacio. Pero ofreciendo una libertad anteriormente nunca vista en las posibilidades de interacción del jugador con la historia, al menos en lo que al desarrollo de la criatura propiamente dicha se refiere. De hecho, si por algo destaca el título es por el magnífico creador de criaturas, que permite desarrollarlas al más mínimo detalle, lo que influirá (junto con tus acciones) en determinar su dieta, su personalidad, etc.
En cuanto a las diferentes etapas del juego podemos hablar de las siguientes:
Fase celular: Comienzas como una célula en la sopa primordial, debiendo ir alimentándote (de otros organismos o plantas, según tu dieta) para obtener puntos de ADN y evolucionar, desarrollando características que influirán decisivamente en la futura criatura, hasta llegar a salir a tierra firme. Es genial ver como los depredadores de los que habías de huir al principio se convertirán en tu alimento más tarde, según vayas evolucionando.
Fase de criatura: Se podría decir que ésta es la principal etapa del juego, o al menos la más original. Tras alcanzar tierra firme, tu criatura habrá de interaccionar con el resto de las especies de su continente, ya sea socializándose o depredándolas, en el continuo camino de la expansión de su manada y de la constante evolución de su especie (que sigues determinando en todo momento), que acabará llevando a la criatura a alcanzar conciencia de sí misma, y pasar a un estado tribal primitivo. El mundo en el que se mueven las criaturas es visualmente delicioso, y tiene detalles de lo más curioso, como la existencia de criaturas épicas (auténticos monstruos de los que tendrás que huir) u observar cómo nave extraterrestre que llega para abducir a alguna criatura.
Fase tribal: El estilo de juego empieza a desplazarse hacia el juego de estrategia, pues en esta etapa ya no controlarás a una criatura, sino a una tribu de ellas, con su jerarquía y edificaciones. Tu objetivo es imponerte (ya sea por la fuerza o diplomáticamente) al resto de tribus/especies de tu continente, para convertirte en la especie dominante del planeta. Es genial comprobar como otras especies menos evolucionadas (como podías ser tú mismo en la fase anterior) pasarán a convertirse en tu alimento, si eres carnívoro u omnívoro.
Fase de civilización: El juego alcanza una escala global, pues tu especie se ha impuesto como la única inteligente del planeta (siguen existiendo otras tantas especies inferiores de criaturas). Sin embargo ahora la rivalidad te lleva a disputarte (de nuevo por diferentes vías, como la bélica, la diplomático/económica, la religiosa, etc.) el planeta con el resto de facciones/naciones de tu misma especie del resto de los continentes del planeta. Habrás de diseñar tus propios edificios y vehículos terrestres, navales y aéreos, determinando sus capacidades. Si logras imponerte a tus semejantes, alcanzarás la fase espacial.
Fase espacial: Aunque hasta ahora el juego ha desplegado aspectos muy interesantes y diversas opciones, cuando piensas que ya está todo dicho, vuelve a impresionarte. Pues en la fase espacial habrás de salir de tu planeta y explorar la galaxia. Pero no hablamos de una galaxia con unos cuantos planetas, no. Hablamos de una galaxia con miles de sistemas solares, que a su vez tienen varios planetas orbitando a su alrededor, todos explorables, totalizando la increíble cantidad de 50.000 planetas. Encontrarás a otras especies en diferentes estados evolutivos, ya sea en el mismo estado espacial (con los que podrás negociar, establecer alianzas, entrar en guerra), como en los estadíos anteriores de civilización (se asombrarán de tu presencia), tribal (te verán como a un dios) o criatura (huirán aterrados de ti). Y aquí la libertad ya es absoluta: Fundar un imperio colonizando planetas (que podrás terraformar desde un pedrusco estelar hasta un vergel paradisíaco), conquistar otras civilizaciones, dedicarte sencillamente a la exploración (puedes localizar nuestro propio Sistema Solar, con la Tierra entre sus planetas), convertirte en un mercader interplanetario de especia, intervenir en la evolución de otras especies (desde hacer círculos en el maíz hasta construir un monolito para facilitar su evolución, al más puro estilo de 2001: Una odisea en el espacio, pasando por la abducción de criaturas para experimentar con las mismas o alterar ecosistemas)… o dirigir tus caminos hacia el centro de la galaxia, buscando el origen de todas las cosas, la última frontera. Un juego, virtualmente, sin límites.
Y lo realmente fascinante es que al cambiar de etapa no cambias radicalmente de escenario, esto es, el mundo es siempre el mismo, cambiando la escala en la que lo percibes. El mismo continente donde evolucionaste como especie es el mismo donde se desarrolla tu tribu, y el mismo donde estará tu capital en estado de civilización. Así pues, si llegas a algún planeta en la fase espacial, puedes decidir explorarlo desde la nave o hacer descender un proyección holográfica de tu especie para explorarlo a nivel de criatura… Algo nunca visto, dado el detalle y el mimo dedicado al entorno, y la gran cantidad de planetas existentes.
Así pues, tanto por la variedad (pues las diferentes fases no son sino varios juegos en uno), como por la originalidad de la propuesta (no había visto nada parecido desde el mítico Creatures, y ya ha pasado agua bajo el puente, ya…), no puedo sino recomendaros este excelente juego. Y es que le ocurre lo mismo que a otros juegos como el mítico Sid Meier’s Pirates!: Que después de varias partidas, cuando ya conoces sus mecánicas, pueden resultar repetitivas, pero sin embargo siguen enganchando, por la gran cantidad de retos y posibilidades diferentes que ofrece. ¿O es que acaso no hay otros juegos con mecánicas mucho más repetitivas y sin embargo son grandes en el mundillo? Los simuladores futbolísticos y los juegos de lucha, sin ir más lejos.
Así pues, si combinas la idea base del citado Creatures, la rejugabilidad y adictividad del Sid Meier’s Pirates!, ideas de los clásicos Black & White, el entorno 3D de los nuevos juegos de estrategia y mecánicas como las de Masters of Orion o VGA Planets, podrás empezar a formarte una idea de lo que Spore ofrece. ¿Aceptas el reto?